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El infierno de Chota en la guerra con Chile

El infierno de Chota en la guerra con Chile

EL INFIERNO EN CHOTA – CAJAMARCA. 18 de Setiembre.

Existe un episodio histórico, lamentablemente desconocido por la mayoría de los peruanos, injustamente olvidados como muchos hechos de armas ocurridos durante la infausta guerra con Chile.

Después de la batalla de San Pablo que fue victoria peruana en cajamarca, fue enviada una columna de hombres con dirección a Chota con la finalidad de acabar con la resistencia en dicha zona puesto que Iglesias hizo su cuartel en Chota previo a la batalla de San Pablo, les fue muy mal a los invasores en esta zona, contaré los sucesos de Chota en otra oportunidad.

Referente a esta batalla; enterado de la presencia de una columna chilena que se dirigía a esta zona, el Coronel Chotano Manuel Becerra partió junto con 200 chotanos a su encuentro la columna chilena estaba conformada por 400 hombres enviados por Lynch a mando de Carvallo Orrego, en esta zona existe un profundo cañón denominado el Cárcamo, los chotanos se parapetaron en estos desfiladero, un grupo de ellos fue a provocar a la columna invasora, se menciona que llevaron mulas en celo para atraer a los caballos, la columna salió en persecución de los chotanos y entraron a dicho cañón, allí fueron abatidos con certeros tiros de fusilería y a machetazo limpio, resultado del enfrentamiento 200 chilenos muertos y triunfo de las armas del Peru.

A raíz de esta batalla es declarado héroe nacional Manuel Becerra y triunfo de las armas del Perú. Paradojas del destino que esta batalla se produjese el mismo día de la independencia de Chile, tal vez los chotanos supieron de esto. En toda esta guerra hubo un pueblo cuyo espíritu guerrero se enfrentó a la adversidad, mientras en otros lugares del Perú se respiraba derrotismo en esta zona jamás se Rindió.

Acá les dejos los sucesos de otro héroe prácticamente olvidado en la guerra del GUANO Y EL SALITRE.

En aquellos tiempos, Becerra ya era un combatiente “curtido” en el fragor de las batallas, de gran experiencia militar, y en especial, creador de situaciones tácticas que posteriormente causaron asombro y temor en las filas del ejército chileno.

Hasta que llegó su mayor prueba de fuego en Chiclayo:

La defensa de Chiclayo ante la llegada de fuerzas chilenas. Becerra por sus informantes llegó a saber que desembarcaría en puerto de Eten una fuerza chilena de 150 hombres muy bien entrenados y equipados y que su misión era ocupar Chiclayo.

Una vez más se ve al héroe, con su mirada enérgica, sus puños apretados y su voz de mando vigorosa, colocando a su gente 60 hombres de infantería y caballería en las azoteas y bocacalles de la Plaza de Armas de Chiclayo. Nunca antes los chilenos habían recibido una lluvia de balas de soldados peruanos colocados tácticamente en posiciones poco comunes, y no empleadas en la guerra convencional. Toda esa táctica era una novedad.

Los chilenos quedaron asombrados y se repusieron después de un lapso pleno de nerviosismo y de incertidumbre, y emprendieron el contraataque. Murieron algunos Becerristas, pero el Coronel y su Estado Mayor lograron replegarse para organizar nuevos “golpes de mano”. Por supuesto que murieron también varios chilenos.

Naturalmente la superioridad numérica y de equipamiento de los chilenos fue motivo para que la resistencia peruana durara 5 horas, pero, dio a conocer que la moral del soldado peruano estaba bien en alto y fue una llamada de alerta al Comando Chileno.

La historia militar ha designado a este encuentro “EL COMBATE DE CHICLAYO” – 2 agosto 1882.

Debemos recalcar que ésta acción valerosa de Becerra, fue uno de los motivos por los que el Comandante Chileno Carvallo Orrego ordenó la “total destrucción” de Chota (Parte de Carvallo a Lynch).

Becerra no pudo apoyar con su tropa a Cáceres, por la lejanía de los teatros de operaciones y por la obstrucción de los enviados de Iglesias que cortaban toda comunicación entre ambos patriotas. (Cáceres en sus memorias menciona al BRAVO GUERRILLERO BECERRA).

Sin embargo, el “tayta” Cáceres, estaba también en el corazón de los Becerristas:

“Soldados viva Becerra,

que se juega con desdén

Viva Cáceres también”.

BATALLA DE EL CÁRCAMO

Después de Huamachuco, solamente quedaba una férrea resistencia en la costa norte – Lambayeque – al mando del valeroso Coronel Manuel José Becerra Silva. Patricio Lynch, Jefe chileno, estaba sumamente preocupado porque su gobierno le ordenaba insistentemente acabar con ese foco de resistencia; toda vez que en el campo político las acciones estaban favorables y faltaba poco para la firma del Tratado de Paz.

Es por eso que Lynch para capturar a Becerra ordena el ataque con 2 Unidades, 200 hombres de caballería, 200 de infantería y además 2 cañones. Lynch y todo el comando chileno sabían del valor de Becerra, su intrepidez y sus movimientos tácticos. Le tenían miedo. En general hablaban del “Infierno de Chota”.

Lynch, en un arranque de desesperación, ofreció ascensos a sus oficiales y hasta dinero, a cambio de la captura de Becerra (vivo o muerto); creyendo que así sería fácil derrotarlo y capturarlo. Pero Lynch, nuevamente se equivocó.

Becerra al tener conocimiento del avance de los 400 soldados chilenos, se alegró; dicen que se incendió su rostro y sus ojos “chispearon”: viejo soldado, astuto, pensó que era el momento de atraer a los chilenos a su terreno y allí ofrecer combate y derrotarlos. Así sucedió y así triunfó Becerra, como veremos más adelante.

Con el asesoramiento de sus oficiales, quienes conocían muy bien la zona, Becerra decidió darles batalla en el “Cañón del Cárcamo” (Distrito Cachén, provincia de Chota). Fue una decisión bien concebida. El terreno era apropiado para los peruanos: era un abra, un cañón, una entrada en el Cerro Cárcamo, un poco curva y con cierto desnivel, con pequeñas rocas en ambos flancos que servirían como posiciones bien camufladas para los francotiradores seleccionados. Además allí discurrían las aguas del río La Leche.

Becerra que tenía su tropa (180 hombres) en la zona de Chongoyape y Jayanca, ordenó el avance hacia Cerro Cárcamo, en pequeños grupos y en actitud de desgano y derrota.

Ordenó también a sus informantes y personal de inteligencia que propalaran la noticia de que los peruanos iban en desbande, desmoralizados hasta hambrientos y descalzos, con dirección a la sierra.

La tropa de Becerra cumpliendo las órdenes de su jefe, avanzó por pequeños grupos hasta llegar a la entrada del cañón del Cárcamo. La infantería ocupó los flancos, camuflándose en las pequeñas rocas; parte de su caballería ocupó las zonas bajas, bien camuflados y, solamente dispuso que un pelotón permaneciera a la entrada del cañón, como “anzuelo” para que los chilenos ingresen al interior del cañón como blancos fáciles. En esa disposición se deja notar la astucia de Becerra.

Los 400 chilenos (200 infantes, 200 de caballería) se concentraron en Chongoyape.

La confusión entre los chilenos era total hasta los caballos pisoteaban y mataban a sus jinetes, y nada pudo hacer la infantería y los dos cañones. Se escuchaba sólo gritos de dolor y desesperación de los chilenos; voces suplicando y pidiendo ayuda (por supuesto que los peruanos no le dieron la ayuda recordando que los chilenos jamás se compadecieron de los heridos y al contrario los remataban en el ya conocido “repase”). Fue un rotundo triunfo peruano, allí quedaron en el campo de batalla por lo menos 200 chilenos muertos y heridos, la mayoría jinetes; algo de 200 fusiles y numerosas municiones, equipo y algunos caballos.

“Si bien es cierto que esta victoria conseguida por los chotanos, no tuvo mayor significación en la continuación de las operaciones, en el aspecto moral si tuvo gran resonancia, pues los invasores tenían un cierto resquemor cuando se enteraban que participarían en una acción sobre Chota, al que le denominaban el “infierno de Chota”…

Creditos Jonatan S. y Yovany Carmona.

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